EL GOBIERNO HISPANO DE LOS DESASTRES
Si, según el Ministro, todo se ha hecho bien, el mantenimiento fue el correcto, los controles los adecuados incluso excepcionales, y hay 45 muertos, la conclusión sólo puede ser una: lo sucedido se volverá a repetir en cualquier momento. La incompetencia y la corrupción traen estas consecuencias. Cuando prima el relato y el ansia de poder, nadie es responsable, pobres víctimas, pobres familias, pobres ciudadanos.
Buen razonamiento.
Y ahí va otro. Si en momentos anteriores ( hace diez, quince años o veinte) no sucedía esta serie de "accidentes" tan seguidos y con tantas víctimas en transportes públicos, que está ocurriendo para que si se produzcan estos desastres ahora?
Si sumamos todos las víctimas mortales y heridos de los desastres, supuestos accidentes y sucesos tragicos acaecidos en esta España mártir desde que un tal Sanchez alcanzó el poder...la cifra es espeluznante.
Ni en época de González, ni con Rajoy, Aznar, ni siquiera con ZP, que ya es decir, pasaron cosas similares.
Que diablos pasa aquí?
Falta de inversión y probablemente de profesionalidad. Y la cultura del pelotazo.
Ponen su atención en otras tareas, más prioritarias para ellos. Hacer funcionar su gigantesco aparato de propaganda, de lamentable eficacia. Regalar mucho dinero a supuestas ONGs, gobiernos extranjeros (no justificadas), a no se qué asociaciones... como si fuéramos un país muy rico.
Y las tramas de corrupción, que no son sino verdaderas organizaciones delictivas, estructuras de cierta solidez que llevan muchos años funcionando de uno u otro modo.
Crear, mantener y gestionar durante años unas grandes tramas de corrupción (estructuras incrustadas en el sistema político-empresarial) de múltiples ramificaciones, dentro y fuera de España, con colaboradores, soplones, correas de transmisión de órdenes, técnicas de ocultamiento, asesoramiento de abogados del lado oscuro...
Mentes que idean nuevas formas de corrupción o perfeccionan las ya existentes, represalias contra los "desleales", cuentas en paraísos fiscales, sobornos y amenazas para no ser delatados, control de la justicia hasta donde sea posible, para no ir a prisión o aminorar las penas si la policía les atrapa, llamadas telefónicas y reuniones, búsqueda de nuevos colaboradores, borrado de pruebas, reparto del botín entre cabecillas y cómplices...
Todo esta febril actividad ocupa mucho pero que mucho tiempo, un tiempo que deliberadamente sustraen de la dedicación a las tareas de gobierno propiamente dichas y que tienen encomendadas, pues no hay tiempo para todo.

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