LA BATALLA DE CASTELNUOVO, 1539, GLORIA DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES
La Batalla de Castelnuovo (1539)
La gesta más heroica de los Tercios Españoles
En el verano de 1539, en las costas del Adriático (actual Herceg Novi, Montenegro), un puñado de españoles escribió una de las páginas más legendarias de la historia militar.
Tras la disolución de la Liga Santa cristiana después de la derrota en Preveza, un Tercio al mando del maestre de campo Francisco de Sarmiento quedó aislado en la fortaleza de Castelnuovo.
Eran aproximadamente 3.500-4.000 soldados veteranos de los Tercios Viejos (de Nápoles, Lombardía y otras unidades), con algo de caballería ligera y artilleros.
Frente a ellos: el poderoso Imperio Otomano liderado por el legendario Jeireddín Barbarroja, con una flota de más de 200 velas y un ejército terrestre de 50.000 hombres (incluidos miles de jenízaros, la élite del sultán).
Barbarroja ofreció una rendición honorable. La respuesta de Sarmiento y sus capitanes fue legendaria: “Que vengan cuando quieran”. Sabían que no habría refuerzos. Sabían que la plaza estaba condenada. Pero eligieron el honor y la gloria antes que la supervivencia.
Durante casi tres semanas (del 18 de julio al 7 de agosto), los Tercios resistieron un asedio brutal por tierra y mar. Rechazaron asalto tras asalto, infligiendo un baño de sangre a los otomanos. En uno de los ataques más feroces, los turcos perdieron 6.000 hombres en un solo día... por solo 50 españoles.
Hubo salidas audaces donde 800 arcabuceros españoles diezmaron a los jenízaros, obligándolos a retroceder hasta el mar.
Las murallas cayeron bajo el fuego de la artillería otomana.
Entonces llegó el combate callejero y la defensa final.
Los supervivientes, heridos y exhaustos, lucharon espalda contra espalda hasta el último aliento. Francisco de Sarmiento, herido por flechas, siguió combatiendo al frente de sus hombres.
Solo unos 200 españoles sobrevivieron (muchos heridos), y la mayoría fueron ejecutados o esclavizados.
Los otomanos, según las crónicas, perdieron entre 20.000 y 30.000 hombres.
No fue una victoria militar. Fue algo mucho más grande: una gesta de valor, disciplina y orgullo.
Los Tercios demostraron por qué eran temidos en toda Europa. Su resistencia fue cantada por poetas como Gutierre de Cetina, comparada con las Termópilas y recordada en canciones por todo el continente cristiano.
Hoy, más de 485 años después, la memoria de aquellos hombres sigue viva. Ellos no lucharon por una plaza lejana en Montenegro... lucharon por el honor de España y de los Tercios, esa infantería invencible que dominó los campos de batalla durante más de un siglo.
“La memoria de la dichosa muerte que alcanzaron se debe envidiar más que la victoria”.
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