EL MUNDO ES UN CARNAVAL, ¿QUIEN NO LLEVA UNO O VARIOS DISFRACES?

Se trata, entonces, de un gran baile de máscaras y antifaces.

Hay muchos disfrazados en este carnaval.

Los mediocres aparentan tener un reluciente curriculum académico o profesional y se inventan títulos que nunca obtuvieron, así  como  cursos de "master" que jamás de los jamases  hicieron y tesis doctorales que no escribieron o no escribieron ellos.  Hasta  cum laudes, medallas y reconocimientos son capaces de inventar, para darse ínfulas. 

El estafador se disfraza de director de compañía de inversiones y a veces también, sin el menor pudor, de filántropo.

El atracador se disfraza con astucia de político. Los lobos se  echan encima una piel de cordero.

El matasanos se disfraza de profesional de la medicina. Y el leguleyo que sabe poco de leyes de abogado solvente y responsable.

Sigue sonando la música por los altavoces. En el grandioso baile participan miles de personas, cada uno con su disfraz, unos de mejor calidad (hay aquí disfraces tan bien hechos que parecen muy reales), otros de menos, ¡qué gran concurrencia! A divertirse todos.

Los egoístas sin complejos se ponen el disfraz de nacionalistas vasquistas o catalanistas, aunque su familia sea de Jaén o tal vez de Huelva.

¡Venga, alegria!

Los rojillos o rojos del todo se ponen el disfraz carnavalesco de sacerdotes, por ejemplo. Y esto solo es un ejemplo, porque el rojerío progre normalmente tiene otros disfraces en el armario de su casa.

Nadie es lo que parece en este espectáculo que retransmiten las pantallas.

A las élites dirigentes de tal o cual país no les importa en absoluto su país aunque hayan nacido en él, ya que en realidad esas élites están al servicio de otros grupos de poder situados en otra nación lejana o no tan lejana y mucho más poderosa. Qué gran disfraz, sí señor.

¡Que bulliciosa y colorida reunión! Se percibe inmediatamente que los participantes están disfrutando del jolgorio.

Los acosadores de mujeres hábilmente fingen ser feministas convencidos.

Una lituana finge ser muy mejicana y un señor regordete de sellado López habla contra España.

¡Que animación, señores y señoras!

Muchos países no lo son. Convencionalmente se les asigna la palabra país o nación, pero en realidad, a efectos prácticos, estan sometidos a las decisiones que toman determinadas metrópolis, desde el centro de tal o cual imperio. Aquí tenemos una semicolonia o directamente un auténtico territorio colonial al que disfrazan a la fuerza de país soberano. Sin duda, estos son disfraces de un tamaño enorme. Cabe imaginar mayor disfraz? Imagínate: disfrazar un país entero y hacer creer a sus habitantes, que se cuentan por millones, que son una nación. Lo que es capaz de hacer la propaganda. Y a propósito de carnavales y disfraces, la propaganda, con todos sus trucos, engaños y ardides, también es un disfraz.

Los plumillas que se dedican de manera habitual a desinformar y fabricar "fake news", mentiras, comentarios mendaces o medias verdades mediante sus noticias y artículos se presentan como si realmente fueran periodistas.

Los políticos de bandera populista, adoptando el disfraz de mesías salvadores, que es siempre muy socorrido, u organizaciones políticas  enteras, expertas en parecer lo que no son, prometen en las campañas electorales mejorarar el país, pero  acaban hundiéndolo. 

Gira y baila, un paso a izquierda, otro a derecha. Diviértete con tu pareja, al son de esta canción.

Y qué decir de los poderes globales, globalistas o  como quieran llamarlos... estos poderes, que nadie al parecer sabe, salvo ellos mismos, quienes los componen, como influyen o determinan, las alianzas entre ellos, si solo son lobbies o también asociaciones o conglomerados de empresas multinacionales (o que demonios son!) ,su grado de poder real sobre los gobiernos nacionales, la información periodíatica o sobre la economía o un sector concreto de la economía, que hacen exactamente... Entonces, ya esta: tenemos aquí otro gran disfraz de la fiesta, el disfraz de fantasma. Los poderes globales o mundiales o universalistas, sean o que sean, vaya usted a saber, van al baile de carnaval invisibilizados, es decir, disfrazados de hombre invisible.

Entre alegres notas musicales, que raudas recorren por el aire la gran parranda, los participantes en esta carnavalada, ya tengan invitación o se hayan autoinvitado, bailan y bailan al compas de las melodías.

Un pelirrojo siempre con cara de cabreado de por ahí, de USA más o menos, aunque  su familia es al parecer  germana, y de hecho copia algunas ideas y la manera y gesticular de a aquel pintor austriaco fracasado del bigote que llevo a la ruina a Alemania, pues este pelirrojo malencarado finge que es el Emperador del Mundo sin serlo.

¡Pero cuántos disfraces vemos en esta carnavalada! 

Pero el disfraz que gana el primer premio, ya la guinda del pastel, la repanocha, vamos, dentro de este baile de máscaras a escala planetaria, aunque también podríamos denominarla  tragicomedia con tintes de astracán, es que hasta el líder espiritual de la religión con más fieles en el mundo, el propio papa, nada menos, venga a España desde el Vaticano y entre a participar con entusiasmo en la danza carnavalera y adoptando el denostado disfraz de político.  

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