Hoy tengo el corazón desgarrado. Como venezolano, como hijo de esa tierra que me vio nacer, me resulta imposible encontrar palabras suficientes para expresar la tristeza que siento ante la tragedia provocada por el terremoto que ha golpeado a nuestro país. Lo más doloroso es la incertidumbre. A esta hora todavía no conocemos con exactitud cuántos compatriotas han perdido la vida, cuántos permanecen heridos o cuántas familias lo han perdido todo. Detrás de cada cifra hay un rostro, una historia, una madre, un padre, un hijo o un amigo. Desde la distancia, la impotencia es enorme. Solo queda elevar una oración a Dios por las víctimas, por los heridos, por quienes buscan desesperadamente a sus seres queridos y por todos aquellos que hoy sufren las consecuencias de esta tragedia. También quiero pedir a quienes tengan la posibilidad de hacerlo que ayuden. Cada gesto cuenta. Cada oración cuenta. Cada muestra de solidaridad cuenta. Venezuela necesita hoy de nuestra unidad, de nuestra generosi...